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El tiempo nos tiene agarrados por el cogote...
Por extraño que parezca, la mayor parte de las personas parece aceptar esto sin que les importe. Quizá se deba a que la mayoría de ellas están ocupadas en sus problemas cotidianos. Pero ni siquiera aquellas que no tienen demasiados problemas parecen ser capaces de aceptar esta extraña y trivial cualidad sin sentir que algo anda mal. Recientemente, una anciana dama, superviviente de la era eduardina, dijo por televisión que podía recordar la época en que la mayoría de caballeros no hacían nada útil con sus vidas. La mañana la pasaban en el club, la tarde jugando al billar y haciendo visitas, el atardecer jugando al bridge... Para mi, esto suena igual que una fórmula de locura. Para la mayoría de la gente, esto suena como una envidiable y placentera manera de emplear la propia vida.
La respuesta, creo yo, es que en un pequeño porcentaje de la humanidad, aproximadamente un 5 por ciento para ser precisos, tiene una especie de anhelo incorporado de finalidad. Estas personas se conocen como el "5 por ciento dominante", y la misma cifra parece aplicable a los grupos animales. El porqué esto sucede así no hay nadie que pueda explicarlo. Probablemente, Lovecraft hubiese dicho que esto es puramente biológico. Para que una especie sobreviva, un cierto número de individuos debe poseer un impulso que los lleve más allá de las necesidades diarias. De otra forma, cuando alcanzase un cierto grado de bienestar y estabilidad, degeneraría rápidamente. De hecho, se sabe por la historia que las naciones se vuelven "blandas" cuando pueden vivir en el lujo, aunque dichas naciones a menudo consigan producir una gran civilización. Esto se debe a que su "5 por ciento dominante" posee un impulso que no se erosiona con el bienestar. Dichos hombres poseen, repito, un anhelo interior para la finalidad. El resultado sorprendente es que si se ven privados de una finalidad por las circunstancias de sus vidas, se convierten en unos seres frustrados y propensos al suicidio. Esta es la historia básica de los "marginados". Antes de que descubran una finalidad pueden estar cerca de la locura, sufriendo depresiones suicidas. Y el sentido de la finalidad puede tomar las formas más extrañas, como en el caso de George Fox, el fundador del Cuaquerismo, que iba andando por la ciudad gritando: "¡La desgracia caerá sobre la ciudad maldita de Litchfield!", conducta que en la actualidad lo conduciría al manicomio más cercano, o como Lawrence de Arabia, alistándose a la RAF como un ciudadano particular. Obsérvese por favor que no estoy diciendo que el 5 por ciento dominante sean hombres geniales frustrados. Pueden ser estúpidos y su predominio es posible que sólo les convierta en tiranos. Pueden ser deshonestos, y esto les convierte en unos timadores. Pueden ser supersexuados, y esto les convierte en unos sátiros o ninfómanas (puesto que hay tantas mujeres dominantes como hombres dominantes). Cada enlace sindical, cada sargento mayor, cada cantante de música pop y cada hombre de negocios con éxito, pertenece al 5 por ciento dominante. Está todavía por escribir un interesante libro sobre algunos "marginados" algo menores que fueron destruidos por el sentido de puerilidad. En él se podría incluir, por ejemplo, al Archiduque Rodolfo de Austria, que se suicidó con su amante en Mayerling, y al cantante de rock Elvis Presley, que murió de un ataque al corazón a los cuarenta y dos años. Los dos pertenecieron de forma natural a la minoría dominante, y se vieron privados de su propia expresión por una serie de circunstancias fuera de lo común: el Archiduque Rodolfo por ser hijo del Emperador Francisco José de Austria, y Elvis Presley por el inmenso éxito que lo convirtió en prisionero de su propia mansión.
TOMADO DEL ALZIC